Posiblemente tengamos confundidos los conceptos, que en un país exista una buena medicina no quiere reflejar que tenga una buena sanidad.
Explicaré este concepto. España es pionero en trasplantes de órganos, con lo que se pueden hacer varias lecturas: la primera es que nos hemos dotado de un sistema ágil que hace posible conectar el donante con el recepto y poner en marcha todo un equipo de magníficos profesionales que hacen factible la supervivencia de un enfermo necesitado de este procedimiento. Lo segundo es que somos un país con una alta capacidad de generosidad donante y por lo tanto conseguimos tantos éxitos. Ahora bien, hay que formular otras apreciaciones.

Si se realizan trasplantes es porque hay donantes y estos son personas con muerte cerebral que básicamente provienen de muertes por accidentes de circulación y accidentes laborables. Es decir, para que triunfe la medicina necesitamos fallos en el sistema de prevención de accidentes. Seguramente una mejor aplicación y regulación de seguridad laboral, una mejora en la señalización de las vías circulatorias, una limitación en la velocidad de los vehículos y una severa concienciación de los conductores evitaría un buen número de posibles donantes.
Esta reflexión hecha en el actual estado de pandemia nos lleva a establecer unos principios. Destinamos los recursos a restablecer la Salud y no a prevenir la enfermedad.
Nosotros no enfermamos por la falta de hospitales, recobramos la Salud gracias a ellos, pero lo interesante sería dotarnos de un sistema que incidiera en las causas que producen la enfermedad.

Fue sorprendente que al inicio de la primera oleada de la pandemia un gran número de infectados se produjera en los centros médicos y en residencias de tercera edad, la carencia de Epis y la escasa preparación de los sanitarios en el campo de las infecciones víricas produjeron un incremento de los contagios entre este personal. No había prevención que hiciera frente al Coronavirus nuevo. No era un error médico sino un fallo sanitario.
La reflexión o crítica que podemos implementar es en no repetir los errores, el tiempo que se ha perdido entre la primera des-escalada y el rebrote hace pensar que los diseñadores de las políticas sanitarias están pensando más en reforzar Hospitales que en realizar rastreos en la población y mejorar la asistencia primaria.
Hay que destinar más recursos a la prevención y mantener los destinados al campo médico. Esto se suele conseguir aumentando y consolidando los puestos de trabajo de los sanitarios, dotarlos de elementos de seguridad y al mismo tiempo, de políticas que no disminuyan la atención primaria, básica en el conocimiento de la extensión de la pandemia.
La paradoja se produce que cuando nos damos cuenta de las carencias que hemos mantenido mientras la situación sanitaria era normal, no las podemos solventar por falta de recursos económicos en el momento ya que hay que destinarlas a reparar los efectos de estas carencias y posiblemente en el momento álgido de la crisis estas medidas preventivas no aporten ningún beneficio. Por lo tanto lo que debe hacerse es una correcta planificación en tiempos de sosiego, con calma e imaginación.
Invertir en Sanidad no solo es hacer hospitales, es diseñar políticas medioambientales, políticas que incidan en hábitos de vida, en higiene y control alimentario, en políticas sociales, en urbanismo sostenible y en educación social y ambiental.

Si hacemos un poco de sociología del comportamiento, recordemos las últimas alarmas sanitarias graves ocurridas en Europa:
1ª Síndrome Toxico Aceite de Colza, cuando se conoce la causa la gente suprime el consumo de los aceites adulterados. La morbilidad y mortalidad disminuyen y se reducen a 0.
2ª SIDA, después de diferentes teorías iniciales se identifica la forma exacta de contagio. En las transmisiones por vía sanguínea se adoptan estrictas medidas de control y estas desaparecen prácticamente. Las formas de contagio que tiene que ver con los hábitos sociales (sexo y jeringuillas) estas no obtiene la correcta aplicación, es decir los preservativos y las jeringuillas desechables no tienen una total aplicación.
3ª Priones infectivos y vacas locas, se toman medidas radicales en la transformación de piensos y cadena de transmisión del prión, se consigue disminuir el riesgo de transmisión a niveles de 0. Así y todo el consumo de carne de vacuno baja a mínimos por la desconfianza del consumidor.
Cuál es la diferencia entre estos distintos comportamientos. Básicamente la percepción de riesgo que tiene la ciudadanía y la disposición a renunciar a los placeres. Es fácil sustituir el aceite i el vacuno ahora bien cuesta más sustituir los placeres corporales sobre todo a determinadas edades.
Quizás la solución la tenga la Filosofía……
Recordemos por último que seguramente la solución de esta última crisis sea encontrar una vacuna efectiva o un tratamiento que suprima el virus. Ahora bien no es lo mismo la existencia de una vacuna que tengamos vacunados en una proporción mínima de un 70% de la población mundial.
Jaume Balagué, 11/08/2020

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