Existe una oficina de registro de creencias y/o religiones, en sus postulados para el registro se exige que cualquier creencia es válida siempre y cuando respete la vida y la libertad de las personas, hecho que parece lógico ya que para las creencias religiosas no se exige evidencia científica y si queda prohibido fomentar el odio por razón de raza, edad o sexo. Por tanto no se podrá legalizar una religión con principios racistas o discriminatorios hacia determinados colectivos.
Quizás en la actualidad si tuviéramos que registrar religiones ancestrales pudiéramos poner reparos a la discriminación que sufren las mujeres, pero parece ser que es un hecho de normalidad que determinadas normas estén pensadas en la protección de la mujer, que yo pienso puede ser bastante discutible.

En los años 70 del siglo pasado, una serie de presos de cárceles americanas pidieron se incluyera menús vegetarianos en sus dietas de la misma manera que los presos musulmanes o judíos tenían en sus comidas. Las autoridades administrativas denegaron la petición alegando que el veganismo podía ser una tendencia pero no una medida tomada en base de la práctica religiosa.
La solución fue simple, registraron el veganismo como religión y la administración tuvo que hacer menús veganos. A partir de esta premisa surgieron diversas concepciones o tendencias que optaron por la petición de registrarse como religiones, una de curiosa fue el “Pastafarismo” que copia los principios básicos del judaísmo y cristianismo variando solamente la figura de dios y en lugar de un ser similar al hombre, puesto que nosotros estamos creados a su imagen y semejanza, por un plato de espaguetis a la boloñesa. Es decir, dios es una masa de espaguetis creadora del cielo, la tierra y todas sus criaturas. El emblema que se luce a igual que el cristianismo tiene la cruz es un colador y sus fieles se manifiestan con un colador en la cabeza lo que da el derecho de figurar en las fotos oficiales de los documentos con el colador a modo de sombreo de igual manera que un sacerdote sale con un alzacuellos, un judío con su Kipá y los sijistas con su turbante. No es esto lo que sirve de mucho, pero si es significativo de lo irracional de los postulados religiosos.

Actualmente ciertas tendencias quieren tomar el camino de convertirse en mandatos religiosos, así como el veganismo el “animalismo” o la protección total del mundo animal quiere imponer su escala de valores a toda la población.
Yo entiendo que las religiones tienen que quedar en el ámbito personal y nadie puede imponer un determinado precepto religioso a otro. Si una religión prohibe algo lo prohibira a los fieles de esta religión, no al resto.
Lo curioso es que para ser presidente o ministro en determinados países tengas que jurar sobre una biblia y tal como ocurría en este país hace unos años en la toma de posesión del cargo estuviera presente un crucifijo y la biblia. Afortunadamente la declaración de estado laico evita esta circunstancia.
Ahora vemos que el animalismo o protección total a la “explotación animal” quiere prohivir la existencia de granjas pequarias en todas sus modalidades. Me parece normal que exista una corriente anti consumo de carne, leche, huevos, miel y cualquier producto derivado de los animales, lo que no comparto es que yo no pueda consumir estos productos por sus creencias.

En Alemania los grupos ecologistas anti-transgénicos han conseguido prohivir el cultivo de productos transgénicos, con postulados seudo científicos como es la contaminación del polen entre productos naturales y transgénicos. Puede resultar fácil prohivir la producción de maiz transgénico en Alemania ya que en estas latitudes climáticas no se producece este cereal que es de países mas cálidos. Lo que no me parece lógico que no se permita a un productor italiano o españoll producirlo. Otra de las razones esgrimidas es que la dominancia del mercado de semillas pasara a depender de pocas empresas que han elaborado estas variantes, lo que no se dice es que si el agricultor quiere comprar semillas para la siembra también tiene que recurrir a las mismas empresas o bien guardarse sus propias semillas, cosa que normalmente no ocurre dado que las semillas comerciales tienen garantizada una mayor producción. Para evitar parte de este problema las administraciones tienen que favorecer las investigaciones en ese campo, favoreciendo la investigación científica que parte de las universidades, con el problema que un buen genetista tendra una retibución muy superior si esta en la empresa privada.
El posicionamiento anti-transgénico es chocante, seguramente los productos transgénicos son los mas ecologistas de los productos, ya que pueden evitar el uso de antiplagas y de abonos químicos. Pongamos un ejemplo: se ha encontrado una modificación en los genes del melocotón de maduración tardía ya que hace que esta fruta fructifique mas tarde y no sea sensible a las heladas. Si esta modificación genética se introduce en la producción de la fruta podría aumentar de un 5 al 15% a nivel mundial con el ahorro que esto representaría.
En la década de los 60 del siglo pasado se realizo en Aragón un “trangénico a cuchillo” entre variedades de cebada y trigo consiguiendo un cereal “el cachirulo” con ventajas productivas importantes. O sea hace 60 años que estamos consumiendo un producto modificado por el hombre sin experimentar ningún cambio.

No podemos manifestarnos en contra de los avances científicos por razones ideológicas, ir en contra de estos principios nos hará retrodecer en la evolución humana. No me obliguen a llevar un colador en la cabeza.
J.B.E, Agosto2024

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