Reflexiones sociales y políticas

Jaume Balagué Estrems

Her y el loro

Her i el loro

Visualice estos días una película que llamo mi atención, Her, con una trama interesante.

Ambientada en Los Ángeles, en el futuro cercano, la película muestra a Theodore Twombly (Joaquín Phoenix), un complejo hombre que vive escribiendo conmovedoras cartas a los otros. Con el corazón roto después de terminar una larga relación, se siente intrigado por un nuevo y avanzado sistema operativo, OS1, lo que promete ser una entidad intuitiva con cada usuario. Después de inicializarlo, Theodore queda encantado de conocer a la «Samantha» (Scarlett Johansson), una brillante voz femenina que es perspicaz, sensible y sorprendentemente divertida. Mientras los deseos y las necesidades de ambos crecen, su amistad se transforma eventualmente en una relación de amor. La cuestión sobre si la relación es real o no plana sobre ambos pero a pesar de ello, la relación se va consolidando hasta el día que la Samantha anuncia que ella y otros sistemas operativos piensan evolucionar sin sus parejas humanas, tras confesarle que era el sistema amoroso de otros cientos de personas. Theodore queda destrozado pero ha aprendido cómo amar y pasa página, así que escribe una carta a su ex-mujer y comienza a acercarse a su mejor amiga.

El sistema operativo OS1 aparece en la película. Los OS se caracterizan por ser una Inteligencia Artificial diseñados para evolucionar y adaptarse al comprador. En la película nos encontramos con Samantha (Scarlett Johansson), la coprotagonista de la historia, una OS que mantiene una relación romántica con Theodore (Joaquín Phoenix), un hombre solitario con el corazón roto, que encuentra el amor en este sistema informático. La empresa ficticia Elementos Software presenta su nuevo producto a la audiencia con una campaña innovadora y sencilla. Para atraer la atención de los compradores formulan las siguientes preguntas: «¿Quién eres? ¿Qué puedes llegar a ser? ¿Hacia dónde vas? ¿Qué hay ahí fuera? ¿Qué posibilidades tienes?»

Entonces introducen OS1 como el primer sistema operativo de Inteligencia Artificial. Un ente intuitivo que te escucha, te comprende y te conoce. No es un simple sistema operativo, sino que es una conciencia. Acompañan su poderoso discurso con imágenes de personas de todas las edades, razas y sexos utilizando el nuevo sistema con satisfacción. Theodore se siente atraído por la campaña y decide adquirir un OS1. Antes de arrancar el sistema operativo primero se debe configurar, una voz masculina le realiza tres preguntas: “Es usted sociable o insociable? Quiere que su OS tenga voz de hombre, o de mujer?  ¿Cómo describiría su relación con su madre?»  Entonces se crea un OS que se adapta a las necesidades del usuario.

El sistema fue programado para hablar y expresarse como un ser humano. Puede tener acceso a internet y a cuentas personales para entender y estar alerta de todos los aspectos de la vida del usuario. Los OS actúan como asistentes personales, ofrecen ayuda y apoyo incondicional. Cada OS tiene características diferentes, se adapta a la personalidad de su usuario. Aparecen principalmente a los smartphones, tienen la capacidad de ver el mundo a través de la cámara y se comunican a través de un auricular.

En la película el sistema evoluciona muy rápidamente, pueden proporcionar información de forma rápida y personal sobre todos los ámbitos de la sociedad. Los OS crecen y pronto adquieren sentimientos, Samantha se enamora de Theodore, siendo gozo, tristeza, soledad. La diferencia entre un OS y una mente humana llega a ser imperceptible.

Básicamente se basa en la relación de un personaje descorazonado por diversas circunstancias y que busca una interrelación idealizada por los parámetros que fijan los algoritmos. (Wikipedia)

Dejemos el contenido de esta introducción  y pasemos a un hecho judicial ocurrido a finales del siglo XX.

Un médico especialista en zoonosis sospecho de una infección en un paciente que coincidía con la analogía de la psitacosis propia de los loros. El paciente le confirmo que poseía un ejemplar de estas aves y el médico le indico que si traía el loro le sacaría sangre y podría determinar sus sospechas.  

Así se hizo con la circunstancia que durante la extracción el loro murió posiblemente por la falta de pericia del galeno. Esto provocó una demanda civil por un importe dinerario importante alegando el peticionario que el animal en cuestión llevaba muchos años de compañía en la familia y que aparte de la afectividad adquirida este animal hablaba y tenía comportamientos inteligentes y así se podía darle un valor superior a la del mercado.

En Juez determino que si había ocurrido la circunstancia de incompetencia profesional e incluso la de intrusismo profesional por parte del médico ya que no estaba legalmente formado para la actuación propia de un veterinario, pero matizó que la valoración pecuniaria solo se podía establecer de acuerdo con un valor de mercado de aquella especie y no tomo en consideración el hecho de sobrevalorar el animal por el hecho de que hablara y escribió en su justificación:

 “ Dice el demandante que su animal hablaba y no era que hablase tal como se concibe en lenguaje natural, sino que repetía sonidos equiparados con la palabra ya que si hubiese hablado se hubiese quejado de la acción practicada sobre el”

 En el mundo actual cada vez cobra más importancia las actuaciones derivadas de los algoritmos que conforman la I.A. hasta el punto que las propuestas políticas son aquellas que indican las preferencias de los votantes que previamente se ha inducido a pensar y actuar de una manera. Es decir nos dan lo que previamente nos han inculcado que queremos y de esta forma la I.A. suple la falta de inteligencia personal. Yo que no conduzco por obligación, disfruto conduciendo e incluso siento un grado de satisfacción cuando aparco el coche  en un espacio reducido. Los vehículos actuales ya aparcan solo y dentro de nada conducirán solos.

No sé qué pasaría si en un juicio de la historia, que se produjera dentro de unos siglos, sobre nuestra civilización pudiéramos aducir que no somos los responsables de nuestros actos ya que las actuaciones que realizamos están conducidas por los algoritmos de la I.A. y no sé si el Juez de entonces aplicará el mismo sentido que el Juez del caso de loro y nos sentencie no por no pensar en nuestros actos sino por creer que los actos que realizamos son los validados por el convencimiento que la actuación colectiva es la óptima.  Los avances tecnológicos nos han de ayudar a tomar nuestras decisiones, no a tomarlas por nosotros. Bob Pop, un humorista dijo en una ocasión: “sobran influencers i faltan referentes” y esta afirmación empieza a ser cierta. Seguramente la decadencia de la  civilización romana empezó cuando los influencers de aquella época empezaron a prodigarse en los foros. Nos conformamos con lo que nos dicen que queremos aunque no sepamos porque y para que.

J.B.E. Octubre 2024

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