Reflexiones sociales y políticas

Jaume Balagué Estrems

Sí, lo normal

“Sí, lo normal” era la respuesta que daba una mujer entrevistada a mediados de los 70 a la pregunta de si su pareja la maltrataba. 

Prácticamente toda la evolución de la humanidad ha sido en base de un patriarcado, donde el hombre tenía unos derechos sobre la mujer, estaba por encima de ella en todas las materias y salvo determinadas acciones puntuales, la mujer carecía de derechos. Su papel en la sociedad era de sumisión total, primero a su padre y después a su esposo e hijos varones. 

Así se constituía la moral de aquellos tiempos, no siendo de recibo que una mujer pudiera denunciar a su marido por haber recibido unas bofetadas, o bien ser obligada a mantener una relación sexual con él, incluso creo que determinadas religiones hacían obligatoria la sumisión sexual a los deseos del cónyuge. 

Me atrevería a decir que todos los nacidos antes de los años 50 fueron educados en base de estas normalidades costumbristas y si ahora nos preguntasen si hemos sido machistas, tanto hombres como mujeres, deberíamos contestar sinceramente que sí. Podemos matizar que en distinto grado, unos se creían que el uso de la fuerza era más o menos lícito y otros podían pensar que la insistencia era simplemente lo normal. 

Si analizamos los comportamientos sexuales de los animales superiores básicamente los mamíferos vemos que solo dos especies animales tienen relaciones sexuales completas (coito) por placer, los humanos y los gonogos (un tipo de chimpancés) el resto solo establecen  el sexo reproductivo en el celo de las hembras que viene motivado por descargas hormonales básicamente  estratégicas de los ovarios. Por lo tanto el sexo no es básicamente por el placer si no por la necesidad reproductiva. Diversas especies sí que experimentan placer con la masturbación o con determinados roces o caricias. Las hembras solo buscan sexo cuando sus hormonas se lo indican mientras que los machos están casi siempre predispuestos a establecer relación sexual.

Los humanos no somos tan distintos, diríamos que los hombres siempre estamos dispuestos y creo que las mujeres también si encuentran el complemento de pareja deseado. La educación el temor al embarazo no deseado, la ETS puede frenar el instinto sexual y por lo tanto la negación a tener sexo total. Se admiten los besos las caricias los roces pero no la penetración vaginal y en este límite es el que hace para el hombre la incomprensión de tal actitud. Los hombres nunca se nos a educado en este concepto hasta llegar a principios de este siglo donde se empezó a cuestionar este tipo de patriarcado. 

El reconocimiento de los derechos de las mujeres a tener sus propias decisiones y tener que ser estas respetadas y nunca sometidas por la fuerza es lo que nos lleva a una frontera de cambio de paradigmas ancestrales que será difícil de conseguir pero se realizara con la educación y el tiempo.

No es justificable los comportamientos de sumisión si no son aceptados por las dos partes. En el caso de actualidad de la agresión sexual por parte de Errejón sin ánimo de justificarla si que puedo buscar ciertas explicaciones, un comportamiento agresivo solo es normal en caso de acordarlo con la pareja, alteración  psicológica o adicción a cierto tipo de drogas, básicamente opiáceos como la cocaína. Puedo llegar a pensar que en los últimos 5 años el número de parejas sexuales que ha tenido Errejón puede rondar las 30 o 40 y de estas has que ver cuantas han sido realmente forzadas y cuantas participaron de forma consentida. 

El sexo entre parejas esconde muchos secretos, pueden ser aceptados o pueden producir el más estricto rechazo. Recuerdo una serie americana “Bilions” donde un personaje que llega a fiscal general de EEUU tiene debilidad de practicar el sexo con sumisión, su esposa una inteligente psicóloga participa de este juego e incluso cuando este hecho se hace público la pareja lo justifica como una relación en su ámbito privado y no tiene una acción de rechazo social.

De los tres supuestos que he planteado, en el primer caso no tengo nada que objetar, las relaciones de alcoba entra en la privacidad de cada pareja y lo que podemos entender por normalidad cobra muchos matices, siendo muy probable que una relación de pareja que empieza a los 18 años no será igual a los 60.  el segundo caso, si padece una alteración psicológica esta debería ser detectada por su entorno y sometida a tratamiento y lógicamente no darle responsabilidades de actuación laboral sobre todo en el campo de la representación política. En el tercer caso, adicción a las drogas, hay que considerarlo como una patología incapacitante para el ejercicio político. 

Por lo que quiero dejar claro una doble problemática que surge en este caso, por un lado está la depredación sexual por parte de un individuo hacia las mujeres que tiene mi total reprobación y mi solidaridad con todas las mujeres que padezcan situaciones similares y por otra parte la duda que me surge de que una organización política no tenga establecido mecanismos de detección de situaciones de desequilibrio emocional o drogadicción por parte de uno de sus elementos más destacables. Me cuesta creer que las organizaciones políticas no tengan comites de ética que analicen a los candidatos que forman parte de sus filas.  

Existe cierta probabilidad que si ejercemos un control anti-doping en nuestros representantes políticos nos llevásemos ciertas sorpresas, la permisividad al uso del alcohol y estimulantes es demasiado amplia en ciertos niveles, y se permite el uso de cualquier substancia que parezca dar seguridad a la actuación pública. 

No quiero que estas ideas sirvan para justificar algún tipo de agresión sexual a las mujeres, lo que si quiero es matizar que estamos evolucionando hacia un respeto total a la voluntat de las mujeres, la ley de “solo si es si” me parece perfecta hoy en día, pero si retrocedemos 50 años en nuestra moralidad no podríamos hacer juicios de valor de nuestros comportamientos anteriores. 

La relación hombre mujer en los años setenta empezaba por el conocimiento de una pareja, los primeros bailes, sobre todo los que llamábamos los “lentos” después venían los primeros besos sin permisos pero si aceptados, luego pasábamos a toquetearos inocentemente y siempre con la ropa puesta, después avanzábamos hacia una relación más estable sin ser novios, después venían los toqueteos sin llegar a las partes sexuales y de aquí pasábamos a novios formales donde ya se permitían indagar el sexo.  Y esta era la moralidad de aquella época. Si hoy en día nos quisieran juzgar por tales comportamientos seguramente no saldríamos como aladiles de solo “si es si”

La moralidad es costumbre, la ética individual es lo que nos diferencia de los animales. Por lo tanto la respuesta a la pregunta de si hemos sido personas moralmente correctas durante toda nuestra vida puede que sea «Sí, lo normal”

J.B.E. OCTUBRE 2024

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