
Era final de los cincuenta o principio de los sesenta cuando en casa de mis padres se compró la primera lavadora automática. Antes teníamos una lavadora que consistía en una aspa que daba vueltas en un cubo grande donde se llenaba de agua jabón y que una vez en marcha dejaba la ropa lavada, luego esta ropa se pasaba por el medio de unos rodillos que escurrían para luego tenderla aunque goteaban y había que hacerlo mirando que el vecino de abajo no tuviera nada tendido, después se vaciaba de agua que era impulsada por la simple presión , con lo que había que tener la precaución de conectar la manguera en el tubo de desagüe que previamente habían encargado hacer al fontanero del barrio, este agujero tenía que estar cerrado herméticamente porque si no salían olores.
Mis padres decidieron comprar una lavadora moderna, y buscaron en Andorra una casa francesa que vendía dichos aparatos, en aquellos tiempos las novedades eléctricas salían unos años antes en el extranjero que en España. La lavadora era de la marca “Artur Martin” y la enviaron a piezas por la frontera. Una vez estuvieron todas las piezas vino un técnico a montarla y explicar su funcionamiento. Era una maravilla, cogía el agua automáticamente, lavaba según el programa escogido, centrifugaba y dejaba la ropa lista para tender. Recuerdo que los vecinos venían a ver cómo funcionaba este avance de la ingeniería lavadora.

Pasaron los años y la siguiente lavadora fue una que tenía un cristal lateral donde se veía el rotar de la ropa lo cual resultaba entretenido por las mañanas ya que no había televisión en emisión. Podías hacerte tus películas viendo si el calcetín negro daba alcance al calcetín rojo y este era víctima asesinada por el negro, desparramando toda su sangre roja que teñía al resto de la colada.
Años más tarde y mientras era estudiante, para sacarme unas pesetillas realicé encuestas para una empresa que vendía suavizante para la ropa, el nivel de ventas era relativamente bajo y deseaban conocer el motivo. Una señora que amablemente respondió a mis preguntas me dio la solución. No se acordaba de echarlo, ya que había que parar el ciclo de la lavadora una vez lavada la ropa echar el suavizante y luego ponerla en aclarado y secado. Las lavadoras en aquella época no estaban preparadas para admitir suavizante y jabón en compartimentos distintos. La siguiente generación ya tenía entrada para suavizante.

Finalmente llegue a mi independencia familiar a mediados de los setenta y compre mi primera lavadora, de carga frontal, ya había TV por las mañanas, con todos los adelantos tecnológicos del momento dejando la ropa prácticamente seca y exactamente duró treinta y cinco años de funcionamiento, un par de arreglillos fueron necesarios en la vida de la lavadora. Cuando al final murió de vieja el técnico que declaró su defunción nos dijo el múltiple rendimiento que habíamos sacado y que ahora ya no se hacen cosas como antes. Compramos otra lavadora que ha durado cinco años con dos arreglos, el último arreglo ya fue declarar por parte del técnico que arreglarla valía tanto como una lavadora nueva. Las lavadoras actuales ya son baratas pero tienen la “obsolencia programada” para más o menos 5 a 10 años, sin ningún avance tecnológico digno de destacar.


Es curioso lo de los avances tecnológicos. Mi primer coche fue un Citroen 2 CV de segunda mano, venía con una pequeña caja de herramientas y una caja amarilla con bombillas de recambio. Durante unos años yo mismo reparaba todas las averías que se producían, que si unas bujías sucias, que si la bomba de gasolina, que si el carburador sucio sin mayor problema. Ahora no me atrevo a cambiar una bombilla fundida porque no sé ni cómo se saca el faro es más si abro el capó solo veo una cubierta de plástico que cubre lo que presupongo que será el motor eso si un ordenador de abordo que indica un posible fallo y que lo lleve al taller donde le conectan el ordenador y le dice al especialista que parte le duele, ya no se lleva el coche al mecánico diciéndole que oyes un ruidito en el lateral derecho. Supongo que estos avances en la comunicación máquina con sus médicos pronto se trasladará a las lavadoras y estas nos indicaran que le falla el cojinete o que tiene mucha cal almacenada, es posible incluso que cuando llegue su agonía final la lavadora pida la eutanasia activa y recomiende ella misma su substitución.

Hay inventos que perduran en el tiempo, uno de ellos es el calendario de cartulina para colgar en la nevera o en la pizarra de los talleres de reparación de vehículos o en las entradas de los almacenes de grano y piensos. Este si es un invento perdurable, incluso creo que la casa “Kodak” equivoco su línea de producción, tenía que dejar de producir película para fotos y hacer calendarios para colgar, seguramente ahora aún estaría activa.
Los avances tecnológicos nos han llevado a la creación de nuevas salidas profesionales, muchas desconocidas para la mayoría de los que biológicamente ya pueden ser abuelos, es probable que si ahora preguntamos a un joven de 17 años que quiere estudiar en el futuro te responda con una especialidad que indudablemente no sabemos lo que es realmente y le repreguntemos “esto exactamente que es”.
Recuerdo un “esquetx” de la TV vasca donde se representaba el primer día de clase en la facultad de farmacia y donde aparecía el catedrático dando el siguiente mensaje: “les voy a enseñar cual va a ser su más importante conocimiento profesional” e inmediatamente saco un cúter y una caja de médica y enseño como se recorta profesionalmente la etiqueta del fármaco recetado por el médico. Gran invento la del cúter, es lo más usado numéricamente por la clase farmacéutica.

Resumiendo, estamos en el momento de la historia que nos merecemos, estamos quedando obsoletos como quedaron nuestros padres que no sabían programar un video y que solo aprendieron a tocar como mucho dos botones del mando. Yo aspiro a saber apretar los dos botones o dar la voz de mando a la “Alexa” de turno para que sepa que santo se celebra hoy o que pastillas me tengo que tomar por las mañanas.
J.B.E. enero de 2025

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