Reflexiones sociales y políticas

Jaume Balagué Estrems

Percepción de Problemas Sociales: Más Allá de las Encuestas

Parece lógico que para saber lo que preocupa a la gente se les pregunte, se realicen encuestas y a través de ellas se pueda llegar a conocer cuáles son las principales preocupaciones que tienen un conjunto de ciudadanos.

Ahora bien, la realidad es otra, si se pregunta al grupo de ciudadanos que come tres veces al día y habita a una casa con un mínimo de comodidades, ni la alimentación ni el hábitat van a ser sus preocupaciones básicas. Pero si realizamos la misma pregunta a la gente que no le llega para pagar el alquiler o la hipoteca y que ha tenido que reducir su alimentación, seguro que su respuesta será diferente.

Por lo tanto, el sistema de preguntar no resulta tan bueno como cabría esperar. Se dice que los resultados de las encuestas se cocinan a posteriori y esto seguramente es cierto, pero este sistema seguramente da una aproximación más cierta a la realidad.

Cualquier pregunta puede contener múltiples respuestas que resultan complicadas de entender a menos que no seas un sociólogo experto en comportamientos sociales. Las preguntas en las que solo existe un “sí o un no» tienen una base poco sólida si la respuesta no incluye una tercera respuesta, “según para qué». Pongamos un ejemplo, en Suiza se realizan múltiples referendos en este sentido de “sí o no” pero solo para cuestiones no técnicas y que solo afectan a la comodidad de los ciudadanos, se pregunta si se prefiere que el camión de basura pase por la noche, donde el ruido puede molestar la conciliación del sueño de los habitantes, o a una hora donde puede molestar a la circulación de los vehículos.

No se pregunta si hay que construir un puente que cruce un río, ya que dicha pregunta solo la saben contestar los ingenieros que programan el desarrollo de un territorio, y mucho menos se pregunta cómo hay que construir el puente, de la misma manera que no se haría un referéndum para programar una operación de corazón a un paciente, ya que esta solo la pueden contestar los médicos.

La demagogia propone en muchas ocasiones que se pregunte a la ciudadanía amparada por la idea de que la inmensa mayoría de los ciudadanos estamos preparados para saber de todo y la mayoría estará acertada en sus respuestas. Esto no es cierto ya que la propaganda con que se vista la pregunta influirá en la respuesta.

Si analizamos determinadas encuestas surgidas en los últimos tiempos, vemos que una de las máximas preocupaciones surgidas es la entrada de migrantes y la ocupación de las viviendas. En España, rondamos los 50 millones de habitantes; si suponemos que cada tres habitantes tienen o habitan una vivienda, tendremos aproximadamente entre 16 y 17 millones de viviendas. El número de viviendas ocupadas por gente legal y que, por no estar en un momento determinado, han entrado unos indeseables y las han ocupado, son un número ínfimo que no llega al 0,032 % , por lo tanto, tenemos menos posibilidades de que nos ocupen nuestra vivienda que nos toque la lotería, en cambio esta preocupación parece resultar bastante repetitiva.

Con la migración ocurre algo similar: si explicamos que en estos momentos el 80% de los productores agroalimentarios son personas migrantes y que sin ellos no podríamos tener alimentos, quizás no viéramos la migración como un problema, sino como una solución.

La percepción de los problemas tiene varias vertientes, si la pregunta general fuera: «¿Quiere vivir cerca de una central nuclear?». Seguramente, la respuesta mayoritaria sería el “no»; ahora bien, esta pregunta se realizaría a los habitantes de un círculo de 30 km. alrededor de Ascó o Almaraz, donde se producen mil empleos directos y tres mil indirectos y donde gozan de energía gratuita o muy barata, la respuesta sería un rotundo «sí». en otro tipo de encuestas donde se preguntó a habitantes de un barrio en el que hacía tiempo que existía una mezquita para el rito musulmán si se permitía hacer otra mezquita, la respuesta fue positiva, ya que la convivencia en esta zona no había creado nunca un problema. Si esta misma pregunta se realiza en una zona donde nunca ha rxistido una mezquita la respuesta sería la de oposición a dicha instalación. Esta misma conducta se da cuando se quiere instalar locales  de acogida para niños procedentes de la migración de pateras. La percepción de lo desconocido genera miedo o temor y, por lo tanto, no se valoran las ventajas o desventajas, sino que se niega el posible riesgo.

En Catalunya durante el “procés” se estuvo presionando a la ciudadanía por todos los medios. tanto sociales como políticos, que la solución era el referéndum de autodeterminación, saltándose todos los procedimientos establecidos de forma legal y dando como premisa que todos los problemas que podemos tener los catalanes se solucionarían en un plis plas, que seríamos reconocidos por el mundo democrático y que dejaríamos de ser expoliados por España. Por lo tanto, se pretendía condicionar una respuesta a base de falsedades elaboradas a partir de mentiras y medias verdades, ya que los apoyos exteriores solo provenían de la Rusia de Putin, de partidos nórdicos de raíces fascistoides y de nadie más. Es decir, se quería construir un puente donde no había río ni carreteras que condujeran ni al principio ni al fin de dicho puente. Así y todo, muchísima gente se creyó la propaganda, como aquellos que creen que una crema rejuvenece porque lleva en su composición “R metil educorona” que ni siquiera existe y nadie sabe lo que puede ser. Somos sujetos de fácil engaño, y esto lo dominan determinados líderes que lo único que pretenden es aprovecharse de la ignorancia. Encima los que queríamos hacer una reflexión de las consecuencias de una posible independencia se nos tachaba de malos catalanes o “butiflers” , posteriormente los ánimos independentistas han ido menguando cuando las realidades han empezado aflorar. No sé lo que pensarán todos aquellos que, bien intencionadamente, querían ser independientes para ser distintos y mejores. Lo que sí sé es que mantener un debate con ellos era realmente difícil, ya que era un problema de fe, no un debate de ideas y consecuencias. Pues cuando se hablaba de la salida del Mercado Común Europeo, de los desajustes que se producirían en las pensiones, en la deuda general y en todas las cosas que tenemos en común, como una liga de fútbol española, que aunque parezca una simpleza tener que hacer una liga solamente catalana, podría perder buena parte del interés que ahora tiene un “Barça-R. Madrid».

Ahora nos encontramos con el dilema del aumento del gasto en defensa. Nadie quiere la guerra y surgen los pacifistas, lo malo es que los pacifistas son los de nuestro bando; el bando contrario se rearma e invade territorios. Dejemos que las respuestas a temas complejos los políticos con profundo conocimiento de causa resuelvan las medidas sean adoptadas por las entidades europeas en su conjunto. No caigamos en los errores de los años 30 del siglo pasado.

J.B.E. Marzo 2025

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