
La lógica es la disciplina del razonamiento. En términos generales, se reconoce que la lógica tiene sus raíces en la filosofía. No obstante, se la considera como una ciencia autónoma, dado que surgió de forma paralela a la filosofía y no como una consecuencia directa de esta. La lógica puede ser de gran utilidad para resolver dilemas cotidianos. Seguir la pista del dinero, por ejemplo, es fundamental para desenmascarar a los corruptos, corruptores, traficantes y cualquier grupo político o mediático que genere sospechas sobre su integridad. Si un gobierno ha asignado fondos públicos a infraestructuras a lo largo del tiempo y se sospecha que ha exigido un porcentaje ilegal, por ejemplo un 3%, simplemente analizando las finanzas públicas podremos identificar cuánto dinero se ha desviado a actividades ilícitas. Este capital seguramente no estará depositado en cuentas bancarias convencionales, sino que habrá sido transado en efectivo, posiblemente oculto debajo de un colchón o resguardado en paraísos fiscales inaccesibles para las autoridades fiscales. El dinero negro puede tener un propietario físico o instrumental, lo que sugiere que probablemente ambos coexistan en armonía. No obstante, la lógica por sí sola no constituye una evidencia suficiente en un tribunal como prueba acusatoria; es necesario demostrar de manera irrefutable un hecho que no deje lugar a dudas. Incluso los registros del tesorero y sus testimonios a veces no resultan convincentes para ciertos jueces. La sociedad en su totalidad podría encontrarse desorientada por la ilógica presentación de supuestas verdades. Por ejemplo, ¿dónde se encontraba Mazón el día de la Dana entre las tres y las ocho de la tarde? Aunque alegue haber estado incomunicado y haber compartido una comida con una periodista para discutir la dirección de una cadena televisiva autonómica, es posible que la realidad difiera de esta versión. Quizás la partida de parchís se haya prolongado más de lo previsto y su teléfono se haya quedado sin batería, eximiéndolo de responsabilidad por lo sucedido posteriormente.

Ahora, abordemos de forma lógica los conflictos actuales. En Europa, un enfrentamiento armado entre dos naciones independientes, aunque se le califique como una acción armada puntual, está generando una inestabilidad que afecta a todo un continente y provoca la pérdida de vidas humanas. La raíz de este conflicto es la imprudencia de una persona: Putin. La solución podría radicar en la eliminación de esta figura, ya sea mediante su detención y entrega a tribunales internacionales por ordenar el asesinato de disidentes políticos dentro y fuera de su país. Si en el momento de la detención intentara huir y fuese abatido por la policía, su destino no causaría mayor pesar, pues como devoto católico que acudió a rezar cuando Trump evitó ser asesinado antes de las elecciones en EE. UU., se aseguraría un lugar en el cielo junto a los justos, mientras que Trump rezaría por su entrañable amigo desde su iglesia. Para llevar a cabo esta empresa, sería necesario destinar un presupuesto de 100 millones de euros para respaldar a aquel con el valor necesario para ejecutarla. Debemos reflexionar sobre las vidas de inocentes que podrían salvarse si esta «operación especial» o guerra invasiva se detuviera de inmediato.

Si esta propuesta les parece excesiva, podríamos considerar otra solución más sencilla. Los presupuestos destinados al armamento de los 27 países de la Unión Europea, junto con el Reino Unido, superan ampliamente el de Rusia. ¿Deberíamos realmente temer una posible confrontación con dicho país? Nuestra falta de organización es evidente, carecemos de una fuerza unificada y global, más bien contamos con diferentes fuerzas locales que actúan de manera independiente. Es imperativo reestructurarnos para así reducir el gasto total en armamento y destinar esos recursos a causas sociales y humanitarias. No obstante, es crucial buscar una independencia defensiva mediante la implementación de un escudo antimisiles y la protección contra drones y otros elementos que representen una amenaza para los ciudadanos europeos. Es fundamental invertir en tecnología informática capaz de contrarrestar posibles ataques a nuestros sistemas operativos, especialmente en las infraestructuras energéticas y de comunicación, garantizando que no interfieran en los procesos democráticos que se llevan a cabo en Europa.

En mi perspectiva, las guerras representan tragedias humanas, siendo común que perezcan más individuos inocentes que presuntos culpables. En muchas ocasiones resulta complicado discernir quién tiene la razón para iniciar un ataque o defenderse. Siempre he sostenido que cuando en los bandos participan fundamentalistas, ya sean de índole religiosa o social, las guerras se convierten en enfrentamientos entre individuos moralmente cuestionables. La verdadera dificultad radica en determinar cuál de los dos bandos exhibe un comportamiento más reprobable. Si tenemos en cuenta el número de fallecidos desde 1945, los EE.UU. lideran en este aspecto, con conflictos en Japón, Corea, Vietnam, Afganistán, Irak y otras regiones, especialmente si consideramos a los millones de víctimas no combatientes. Por consiguiente, surge la incertidumbre sobre la valía de contar con aliados de este tipo.
Actualmente, en Palestina/Israel los de Hamás quieren ver muertos a todos los judíos y los judíos quieren hacer desaparecer a todo el pueblo palestino. Las religiones no son malas consejeras por ser religiones en sí, sino porque sus transmisores transmiten odio hacia los infieles o quienes no se rigen por sus estrictas normas. Un homosexual puede ser ejecutado tanto en el bando del islamismo radical como en el del judaísmo extremo.
La razón no nos garantiza la infalibilidad; sin embargo, nos instruye en el arte de reflexionar de manera autónoma y establecer nuestros propios parámetros éticos, lo cual nos conduce inevitablemente a una mayor humanidad.
J.B.E. Marzo 2025

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