Reflexiones sociales y políticas

Jaume Balagué Estrems

Color Artificial: Perspectivas sobre la Manipulación Mediática

En la actualidad, al mencionar «Inteligencia Artificial», me inclino a examinar el tema del «color artificial». Posiblemente, mi perspectiva esté influenciada por la conocida frase: «todo depende del color del cristal con que se mire».

Todos podemos ver las mismas cosas, pero la percepción que cada uno tiene puede ser distinta y totalmente opuesta, según el criterio de una persona a otra. Por esta causa me viene el sentimiento de hablar del color artificial, así como la I.A. puede hacer más fácil el desarrollo social, científico y potenciar muchas capacidades ocultas o disminuidas, fruto de los desarrollos de ingenieros y científicos, el C.A. no es fruto de la investigación tecnológica, sino del desarrollo de la desinformación y la demagogia.

Así como un mismo hecho lo vemos de formas distintas por la perspectiva del color de nuestras lentes, esto no quiere decir que sea distinto, sino que lo queremos ver de forma diferente. La pregunta, que no está resuelta, es cómo tener visiones tan claras como los hechos actuales puede ser interpretado por la intencionalidad propagandística imperante. ¿Cómo se puede dar pábulo a los psicópatas que están al frente de dos de los países más importantes? Y cómo podemos aceptar que un zar como Putin recrimine a Europa por estar formada por países con democracias que, a pesar de sus defectos, están muy lejos de la falsa libertad de Rusia. Putin no tiene oposición en su país, básicamente por que están encarcelados o asesinados sus posibles opositores, los ciudadanos rusos no organizan manifestaciones multitudinarias por el temor de ser encarcelados y desaparecer en las entrañas judiciales de este país. Esto visto a vuelo de pájaro, no obstante, hay líderes teóricamente democráticos que lo defienden.

Putin invade otro país, acción militar temporal según manifiesta, provoca muertes, secuestra a niños de los territorios conquistados, bombardea poblaciones donde solo hay civiles, sus tropas asesina a la población civil y se cree con derecho de pactar una paz, apropiándose de los territorios conquistados y queriendo derrocar al mandatario elegido por los ucranianos.

Por otra parte, Trump se ha rodeado de los asesores menos competentes que ha podido encontrar; cada día redacta órdenes que afectan prácticamente a todo el mundo, produciendo una desestabilización económica y una inquietud en las relaciones comerciales que, si bien no son perfectas, venían funcionando de una forma estable. En EE.UU., la Constitución Norteamericana no permite que el presidente tenga más de dos mandatos en el cargo. Ahora va a buscar la fórmula para modificar esta normativa, y es probable que pueda conseguirlo tal como hizo Putin en Rusia. Se permite expresar el deseo de adquirir Groenlandia o, en su caso, apropiarse por la fuerza de ese territorio. Cambia los nombres geográficos del Golfo de México por el Golfo de América. Pretende desplazar a dos millones de palestinos de sus tierras para reubicarlos en los desiertos y constituir un complejo turístico en Palestina. Estas conductas solo pueden justificarse si su mente está alterada por algún trauma que merecería ser tratado por la psiquiatría, con un ingreso preventivo en un centro de desintoxicación mental.  

La problemática surge cuando un buen número de personas ven estas acciones con el mismo color de cristal, que a través de la demagogia, les hacen creer que es lo acertado. Desconozco cuál puede ser la fórmula que ofrezca una visión real de estas actuaciones; quizás, la solución vendría dada por tener cristales transparentes y sin color, y esto no parece posible porque ha sido tanto el bombardeo mediático que en buena parte de la población le incapacita para pensar y reflexionar por sí mismos.

En el ámbito local ocurren frecuentemente distorsiones de la visión dependiendo del color del cristal. Me pregunto cómo un partido de Estado que quiere llegar a gobernar algún día este país no ve que seguir creyendo a un dirigente que miente constantemente y que ha demostrado ser un incapaz de gestionar una crisis en un siniestro que causó más de 200 fallecidos.  

Me pregunto cómo se puede hacer una oposición basándose simplemente en votar que no al casi la totalidad de las propuestas realizadas por el grupo mayoritario del Gobierno, cuando en Europa se vota en otro sentido.

Me cuestiono, como tanta gente puede dar su voto a personajes “maquiavélicos” como Alvise Pérez que solo trata de enriquecerse importándole absolutamente nada los problemas reales de este País. O como se puede pensar que “Vox” puede estar al lado de las políticas de Trump y defender a los más desfavorecidos ya sean trabajadores de sueldo mínimo o migrantes de zonas en conflicto o territorios desfavorecidos económicamente.

Me pregunto, al igual que muchos otros, cómo es posible que haya personas que defiendan sin dudar un segundo las acciones de aquellos que se mueven en la oscuridad de la desinformación, haciendo que las sombras parezcan luz. La manipulación del discurso es una herramienta poderosa, empleada en tiempos antiguos y modernos; se presenta como un arte que transforma la verdad en una narrativa que, en lugar de iluminar, confunde. Tal vez, el auténtico color artificial reside no solo en la percepción distorsionada de la realidad, sino en la voluntad de seguir creyendo en esas narrativas que, tras la fachada, dejan un rastro de incertidumbre y sufrimiento.

Este fenómeno se alimenta de las redes sociales, donde la instantaneidad de la información se vuelve un arma de doble filo. Las noticias falsas y las teorías de conspiración corren como un incendio forestal, desatando una marea de opiniones que, aunque vertiginosas, están a menudo desprovistas de fundamentos. Nos vemos envueltos en un torbellino de colores que nos ciegan, haciéndonos olvidar lo que realmente debería ser el enfoque: el análisis crítico y la búsqueda de datos verificables. Sin embargo, en esta era de sobreexposición mediática, ¿cuántas personas se detienen a investigar? ¿Cuántas prefieren navegar la corriente sin cuestionar la dirección?

De este modo, el escenario político no es más que un reflejo distorsionado de la sociedad, donde el color artificial se ha infiltrado en la psique colectiva. Las decisiones de quienes están en el poder parecen a menudo más basadas en la presión de sus bases y en la lealtad a una ideología que en el bienestar común. Surge una pregunta inquietante: ¿seremos capaces de encontrar un enfoque claro en medio de tanta manipulación? ¿O continuaremos utilizando esos lentes coloreados que nos impiden ver más allá de nuestras creencias preestablecidas?

Tal vez la salida sea un esfuerzo consciente por fomentar el pensamiento crítico y promover la educación, comenzando por el diálogo. Preguntarnos y debatir respetuosamente puede ser la clave para desentrañar las capas de color artificial que nos rodean. Solo así podremos aspirar a construir una visión más clara de nuestro entorno, donde las diferencias no se conviertan en divisiones, sino en oportunidades para el entendimiento y el crecimiento.

J.B.E. Abril 2025

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